23 noviembre 2006

mi padre


La imagen real de esta historia lleva conmigo algún tiempo y me resistía a escribirla, porque uno no está acostumbrado a “tirar la toalla”, pero sinceramente creo que ha llegado el momento más adecuado, difícil momento, de escribirla.


Una larga fila de montañeros subía por la falda de aquella montaña, formando una serpentina multicolor debido a los colores chillones de su indumentaria. Era un día de invierno nevado y con mucho frío. Un día grande donde tenían cabida todos los montañeros, los veteranos, aquellos que se iniciaban y los niños, sobre todo los niños. Grande, porque se iba a colocar El Belén en la cima de aquella cumbre que habían elegido un hermoso día de Navidad.


Subieron todos, buscaron el sitio más apropiado bajo una oquedad y colocaron con mimo las figuras de barro que llevaban en el interior de sus mochilas, formando un Nacimiento precioso. El instante era único. La vivencia, privilegiada para todos ellos.


Subía con pasos cortos, lentos, le estaba costando un gran esfuerzo. Era consciente de que era el último, el rezagado, y sentía que las fuerzas le estaban abandonando. Los demás se iban alejando a medida que subían y se da cuenta de que no llegará a alcanzarles hasta que no llegue a la cumbre. En aquel momento pensó, no sin gran dolor, que este sería el último Belén al que podría subir, tal como venía haciendo cada año desde hacía muchos. Claro, que pensándolo bien, eso no es bueno ni es malo; había cumplido setenta años y simplemente había que reconocer que la vida estaba cumpliendo sus leyes. Reflexionó sobre aquella frase del escritor José Saramago: “ No permitas nunca ser menos de lo que eres, porque ser viejo no es ningún estigma, ni una vergüenza”.


Cuando logró unirse al grupo que estaba alrededor del Belén, aún tuvo tiempo de cantar algunos villancicos. Ningún montañero se había percibido de su retraso, porque los jóvenes, sobre todo, cada vez se distanciaban más en su avance y ninguno solía mirar hacia atrás. Pensó que cada año habría algún rezagado como él, porque todo montañero, como cualquier otro deportista, vive su tiempo y cumple las reglas que impone la edad o la naturaleza.


Habrá otros Belenes, otras ascensiones a picos idénticos a los que él había subido, otras travesías por parajes hermosos, como todos los que ofrece la montaña. Es la ley, se dice. Mientras desciende resignado, algo fatigado; el viejo montañero sonríe y recuerda.


Había sentido una atracción tardía por la montaña. Antes había practicado otros deportes, de manera más intensa el fútbol. Ahora, al volver su pensamiento atrás, lamentaba no haber empezado a practicar el montañismo a edad más temprana.


Recuerda, no sin nostalgia, aquella primera excursión en la que hizo la travesía del rio Cares. Le cautivó de tal manera, que desde entonces no dejó de salir a la montaña siempre que se presentaba la ocasión. Se hizo socio de un club y obtuvo la licencia federativa. Las salidas a la montaña se sucedieron una a otra y cada año con más frecuencia, de modo que a estas alturas ya era considerado como montañero de los más veteranos.
Tras cerca de treinta años de intensa actividad, los cuatro últimos como Delegado de Montañismo en León, presentó su renuncia porque entendió que otra persona más joven de signo ganador sería la más aconsejable para continuar su labor, porque nunca había pretendido ser autoridad y mucho menos autoritario. También influyó en su decisión que durante el último año había sufrido una operación importante, que le había dejado algunas secuelas crónicas que han ahondado y abierto profundas grietas en un muro que hasta entonces había permanecido recio y fuerte.

Anécdotas durante tan largo tiempo, pues claro que podría citar un montón, mas como simple ejemplo me voy a ceñir a mencionar un par de ellas que tienen como protagonista la niebla y la nieve, ya que en mi opinión ambos son los peores compañeros del montañero.

En cierta ocasión se perdió un grupo numeroso de montañeros, entre los que se encontraban algunos de los mejores, en una ruta que, además, era frecuentada por todos ellos. Sin embargo, la niebla cerrada y la nieve, que no dejaban tomar ninguna referencia, hizo que todos ellos se perdieran y después de algún tiempo se dieran cuenta de que estaban dando vueltas en círculo totalmente perdidos.En otra ocasión fui protagonista en solitario al haberme perdido, porque cometí un grave error debido a una falsa interpretación de unas huellas en la nieve, desorientándome totalmente y fui desde las inmediaciones de Orallo (León) hasta Villar de Vildas (Asturias). Una verdadera odisea. ¡No ir nunca solos!

El deporte, cualquier deporte, es importante para la vida de todo ser humano, pero si se hace un análisis en profundidad de lo que puede representar la práctica del montañismo, se encontrarán muchas razones para darle preferencia. Y sería bueno, aunque sea en pequeña medida, ayudar a alguien a que descubra el placer y la compañía que nos da siempre este deporte. Por supuesto que esto puede repeler a cierto tipo de mentes, pero también puede ser, de hecho es, fuente de un profundo atractivo para otros.

“Nada me inspira más veneración y asombro que un viejo que sabe cambiar de opinión”(Ramón y Cajal).

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